{"id":58802,"date":"2025-07-27T18:48:49","date_gmt":"2025-07-27T21:48:49","guid":{"rendered":"https:\/\/agendadelsur.com\/?p=58802"},"modified":"2025-07-27T18:51:38","modified_gmt":"2025-07-27T21:51:38","slug":"a-mi-me-curaron-en-el-garrahan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/agendadelsur.com\/index.php\/2025\/07\/27\/a-mi-me-curaron-en-el-garrahan\/","title":{"rendered":"A m\u00ed me curaron en el Garrahan"},"content":{"rendered":"\n<h5 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>\u201cSobre un dolor social que se hace lucha\u201d. Compartimos un sentido relato de Sergio Zabalza<\/em><\/strong>.<\/h5>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/agendadelsur.com\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/GWtj3uvW0AAdO0N.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-58803\" style=\"width:448px;height:auto\"\/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cFue hace tiempo. Hab\u00eda sufrido una p\u00e9rdida muy grande, de esas que te traicionan mal. Que te hacen pensar boludeces. Como dejar de existir, esa onda As\u00ed andaba entonces. Hubo una fiesta, una reuni\u00f3n, o algo as\u00ed. Ven\u00ed boludo, dale. Fui. No s\u00e9 para qu\u00e9, quiz\u00e1s para llegar e irme. Bueno, pero all\u00ed estaba. De pronto, una mujer algo m\u00e1s joven que yo se sienta al lado m\u00edo. Quiz\u00e1s porque adivin\u00f3 mi desasosiego, quiz\u00e1s porque as\u00ed tambi\u00e9n se sent\u00eda ella. Ambos en silencio, como protegi\u00e9ndonos del compromiso de sonre\u00edr; de la obligaci\u00f3n de la alegr\u00eda. Dos perdidos que se encontraban. Le acerqu\u00e9 una copa. Pas\u00f3 un buen rato hasta que uno de los dos comenz\u00f3 a hablar. Pens\u00e9 que me iba a ir. Yo tambi\u00e9n. Vivo lejos. Qu\u00e9 hac\u00e9s. Soy m\u00e9dica. Soy docente. Soy residente. Soy profe de educaci\u00f3n f\u00edsica. Atiendo ni\u00f1os. Trabajo con ni\u00f1os. En el hospital. En escuelas y colonias. Si, son divinos, quilomberos. Mejor que los padres, ja, ja. Lo cierto es que por muy diferentes cuestiones ambos est\u00e1bamos agotados. Como quienes transitan los suburbios de la existencia sin saber que el retorno se hizo escarcha. No s\u00e9 c\u00f3mo pasamos a estar en la calle. M\u00e1s bien en la v\u00eda. Desolados. El silencio como mejor compa\u00f1ero. Creo recordar que me sent\u00ed agradecido por ello. Esa mutua empat\u00eda por la intimidad de los pies al caminar.&nbsp; Como agazapados en el t\u00fanel de la noche. Habr\u00e1n sido cincuenta cuadras. Adi\u00f3s. Qu\u00e9 est\u00e9s bien. Aquella madrugada llegar a mi casa no fue un martirio. Quiz\u00e1s el dolor hab\u00eda encontrado un cauce para drenar su hiel. Un diapas\u00f3n donde resonar. No sab\u00eda nada de mi amiga, solo el hospital donde trabajaba. Creo que martes era un d\u00eda que le tocaba guardia. En ese tiempo apenas pod\u00eda dormir. As\u00ed que un martes a media noche comenc\u00e9 a caminar. Hacia el bajo, zona sur, Parque Patricios, creo, no s\u00e9. En un sem\u00e1foro pregunt\u00e9 a un tachero que me habr\u00e1 hecho una se\u00f1a, tipo pa\u2019 delante. Segu\u00ed. Nadie en la calle. Hoy me dar\u00eda miedo. Pero cuando ten\u00e9s el alma por el piso, ni eso. Cruc\u00e9 una avenida y ah\u00ed estaba. Edificio enorme. Ah, este es el Garrahan. No hab\u00eda casi luces. La playa de estacionamiento a oscuras. Pude ingresar. Pregunt\u00e9 por la sala de cardiopat\u00edas. Primer o segundo piso, no recuerdo. Me asom\u00e9 en la puerta. A mi amiga se le ilumin\u00f3 el rostro. Es que para ella las noches de las guardias eran el momento m\u00e1s duro. Ah\u00ed solita. O m\u00e1s bien, rodeada de ni\u00f1os y ni\u00f1as con un coraz\u00f3n da\u00f1ado. Ahora mismo me impacta al escribirlo. O sea, un tipo grande, bueno, s\u00ed, el coraz\u00f3n. qu\u00e9 se yo, las cosas. Pero un chiquito que apenas comenz\u00f3 a transitar la vida, me dejaba sin palabras. (De hecho, hoy recuerdo la angustia que me toc\u00f3 vivir cada vez que alguna bronquitis hac\u00eda que a mi hijo le costara respirar).&nbsp; Qu\u00e9 bueno que viniste, esperame en el buffet, ya bajo. Aqu\u00ed se trabaja con todo tipo de padecimientos, explicaba mi amiga, cafecito de por medio. Pibes con enfermedades cr\u00f3nicas, cardiopat\u00edas cong\u00e9nitas \u00bfentend\u00e9s? S\u00ed, s\u00ed. Pero en realidad a mi amiga no le interesaba hablar de enfermedades. Hablaba de personas, de los nenes y nenas. De Ariel, que vino de Misiones y apenas lleg\u00f3 le cont\u00f3 muy entusiasmado la historia de unos dados m\u00e1gicos que adivinaban la suerte. De Catalina, muy enojada porque en el viaje desde San Luis hab\u00eda perdido una mu\u00f1eca. De los m\u00e9dicos y m\u00e9dicas que le hab\u00edan comprado una nueva y que le pusieron de nombre \u201cChiquita\u201d, como su abuela la llamaba en el campo. De Marcos, un nene santafecino que se vino con unos autitos que mi amiga guardaba todas las noches sobre una mesita para que cuando se despertara pudiese jugar. Y de muchos otros y otras. Sus historias, sus dibujos, sus mejor\u00edas. Sus altas. Yo la escuchaba. Atentamente. Si en alg\u00fan lugar me form\u00e9 como analista sin saberlo fue en la cafeter\u00eda del Hospital Garrahan. Yo la escuchaba. Y sus palabras me curaban. O m\u00e1s bien, me ubicaban. Me afinaban la cuerda del dolor. Para que el eco de la compasi\u00f3n resonara m\u00e1s all\u00e1 de m\u00ed. Ah\u00ed, en la condici\u00f3n tr\u00e1gica de toda existencia. Una vez me hizo pasar a la sala. Me asombr\u00f3 el rostro de algunos nenes. Con una entereza y seriedad conmovedoras. Como si asumieran el duro tr\u00e1nsito que les tocaba vivir. Como si aceptaran que para ellos era as\u00ed. En el Garrahan.&nbsp; Fueron largas semanas de mutua terapia. Quiz\u00e1s meses. Siempre de noche. Las cincuenta cuadras. Los galpones. La desolaci\u00f3n. Y el refugio. La amiga m\u00e9dica, el buffet, la charla, las historias, las risas. Un martes llegu\u00e9 y hab\u00eda algo distinto. Movimiento. M\u00e9dicos y m\u00e9dicas de otras salas que iban y ven\u00edan. Mi amiga con un semblante desencajado que me mira a lo lejos. Me hace una se\u00f1a. Al rato apareci\u00f3 en el buffet. Me bast\u00f3 verla para saber c\u00f3mo ven\u00eda la mano. Se hab\u00eda muerto Catalina, la nena de la mu\u00f1eca. La muerte es una posibilidad cierta en la tarea de un m\u00e9dico. Pero no siempre est\u00e1n preparados para ello. Se comen toda la transferencia, como solemos decir entre analistas. O sea, el amor y el saber que, en este caso, una pacientita deposita en la m\u00e9dica que la atiende. Y entonces te mor\u00eds con ellos. As\u00ed estaba mi amiga. Por primera vez en mucho tiempo sent\u00ed que ser testigo del dolor del Otro sirve para algo. Para cuidar a una m\u00e9dica que atiende ni\u00f1os y ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me encontr\u00e9 bosquejando estas l\u00edneas despu\u00e9s de escuchar, leer y ver el abandono al que este gobierno condena al Garrahan y a sus trabajadores quienes, al igual que sus pacientitos, la est\u00e1n peleando. El despojo a ese hospital es el s\u00edmbolo m\u00e1ximo de la infame crueldad que esta administraci\u00f3n imprime en cada una de sus resoluciones. Esos tipos que no tienen hijos y dicen que el Estado no debe hacerse cargo de los nenes y nenas de la naci\u00f3n.&nbsp; Pero hay algo m\u00e1s \u00bfqu\u00e9 le sucede a una sociedad que no escucha a sus m\u00e9dicos? \u00bfD\u00f3nde va a parar ese dolor que -como ning\u00fan otro rasgo- distingue a la condici\u00f3n propiamente humana? Ninguna IA puede comprender esto. Porque no tiene cuerpo. Estamos atravesando una noche desolada. Cuidado, una barbarie sin met\u00e1fora nos espera a la vuelta de la esquina si desconocemos la transferencia de amor y saber que depositamos en los y las profesionales de la salud. El dolor sin refugio retorna de la peor manera. Esos nenes y nenas son el rostro de nuestra propia vulnerabilidad. Darles la espalda es olvidarnos de nosotros mismos. Con el alma por el piso y el retorno hecho escarcha. Por eso, al marchar quiero encontrar a mi amiga en el rostro de esos residentes, trabajadores y profesionales que, en lugar de comerse la transferencia, decidieron salir a pelear por los nenes, por las nenas. Y por ellos. Sal\u00fa\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sergio Zabalza. &nbsp;Psicoanalista. Doctor en Psicolog\u00eda por la Universidad de Buenos Aires (UBA).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSobre un dolor social que se hace lucha\u201d. 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