(Por Jorge Altamira). El retiro de la Ley Ómnibus del Congreso no fue la consecuencia de las movilizaciones que, repetidamente, tuvieron lugar mientras se discutía el mamotreto en Diputados, no sólo en Caba y el conurbano, sino en todas las capitales de Argentina. No representaron un movimiento de masas, lamentablemente, sino de luchadores y activistas, incluso minoritarios. La gran mayoría del activismo se encuentra empeñada en una lucha en sus lugares de trabajo y sus barrios.
Jorge Altamira

Representan, sin embargo, una gran victoria política, potencialmente enorme. Porque salieron a marcar un rumbo en condiciones políticas de crisis del aparato gobernante. Una movilización es victoriosa cuando ofrece una perspectiva efectiva, incluso en condiciones desfavorables, como es el sabotaje de las organizaciones tradicionales y la hostilidad de todo el aparato propagandístico del capitalismo. Se sobrepusieron incluso a la política de quienes buscaban en ellas una oportunidad televisiva. Estas movilizaciones, como saldo imborrable, han acercado a la lucha a nuevos sectores, en especial de la nueva generación, y a las generaciones pasadas.

Los luchadores de los dos Congresos revelaron un realismo político que quienes estaban sentados en el recinto o en la Rosada, ‘no la vieron’. No se trata ahora, por supuesto, de marcar el paso en el mismo lugar: hay que ir a fábricas, barrios, colegios y universidades -en especial a los centros de cultura, que han tenido un gran protagonismo – a impulsar la organización y las luchas parciales, con la vista puesta en una huelga general.

Un gobierno de trabajadores consiste, precisamente, en la reunión de estas fuerzas, en el desarrollo de una experiencia de lucha, en un programa y en una dirección.

Fuente: Política Obrera