El 5 de mayo de 1976, una patota secuestraba en su hogar al autor de Mascaró, el cazador americano. Fue visto con vida por última vez en el Centro de exterminio el Vesubio y desde entonces permanece desaparecido. El escritor que eligió mantenerse en su lugar de combate.

Leonardo Castillo de Tiempo Argentino evoca parte de su vida.
“Hic meus locus pugnare est hinc non me removebunt” (Este es mi lugar de combate, de aquí no me moveré), era la frase en latín que estaba escrita en un cartel que había colocado en el estudio de su casa. Bajo esa declaración de principios, el escritor, periodista y militante del PRT, Haroldo Conti, eligió afrontar, hace 50 años, la criminal cacería que la última dictadura cívico-militar había desatado sobre una Argentina.
Conti nació en 1925 en la localidad bonaerense de Chacabuco. Fue seminarista, pero abandonó su vocación religiosa para cursar la carrera de Filosofía. Al concluirla se casó con Dora Magdalena Campos, su primera esposa, con quien tuvo dos hijos, Alejandra y Marcelo. Fue autor de novelas como Sudeste, Alrededor de la jaula, En vida y Mascaró, el Cazador Americano, su obra más reconocida que fue censurada por el régimen castrense. En 1971, visitó por primera vez Cuba, donde participó como jurado del premio Casa de las Américas. Un viaje que resultó decisivo para definir su compromiso en tiempos en los que la revolución social parecía un sueño que podía materializarse. Al retornar de la isla, comienza un proceso de reflexión política que los lleva a sumarse a las filas del Partido Revolucionario de los Trabajadores y a su organización de superficie, el Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS).
“Mi padre no era nada más que un intelectual. Era una persona que había asumido un compromiso político y tenía un comportamiento orgánico con relación a su militancia. Por eso se lo llevaron”, apunta Marcelo Conti, hijo del escritor.

