La noticia de que Cuba ha reactivado la producción de 16 fármacos citostáticos para pacientes oncológicos marca un hito en la defensa de la soberanía sanitaria. En medio de una situación económica compleja, el país ha decidido priorizar la vida y garantizar que quienes enfrentan el cáncer tengan acceso a tratamientos vitales. Este esfuerzo, fruto de inversiones en la ampliación de capacidades productivas, no solo asegura continuidad en la atención médica, sino que también envía un mensaje claro: la salud es un derecho y no un privilegio.

El contraste con Estados Unidos bajo la administración de Trump es evidente. Allí, los recortes en gasto social y sanitario han debilitado programas como Medicaid, dejando a millones de personas sin cobertura. Se estima que más de 11 millones perderán acceso a seguros médicos en la próxima década, y que alrededor de 22,000 muertes prevenibles ocurrirán cada año por falta de atención. Para los pacientes oncológicos, la realidad es aún más dura: un ciclo de quimioterapia puede costar miles de dólares, y sin seguro, resulta inaccesible para gran parte de la población.
Mientras Cuba, bloqueada y con recursos limitados, apuesta por la vida y la esperanza, Estados Unidos expone a sus ciudadanos a la exclusión y la deuda médica. La diferencia es contundente: aquí se prioriza al enfermo, allá se prioriza al mercado.
Fuente: Las Cosas de Fernanda facebook.

