Primer Ministro de Salud de la Nación y padre del sanitarismo argentino.

“Continuamos su legado trabajando con compromiso para garantizar el derecho de todos y todas a un sistema de salud público, gratuito y de calidad, posteo el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, recordando el aniversario.

Ramón Carrillo por el Dr. Ginés González García

A la hora de evocar la figura del doctor Ramón Carrillo es imposible no poner en primer lugar la palabra compromiso. Carrillo fue un hombre que toda su vida honró sus ideales y, sobre todo, fue un hombre comprometido con la vida. Su recuerdo debe construirse a través de la enorme dimensión de su obra y de su pensamiento.

Su fervor y su talento lo llevaron por un camino muy diferente al que había imaginado. Llegado a Buenos Aires desde su Santiago del Estero natal, Carrillo triunfa en base a su inteligencia y a su pasión. El fervor desmesurado por todo lo que hacía lo llevó a graduarse con medalla de oro en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) . Rápidamente se convirtió en un neurocirujano de primer nivel nacional.

Siendo profesor de la UBA, comenzó a apasionarse por el sanitarismo. La llama inicial de su pasión política lo llevó a lanzarse a ese desafío. Carrillo era un médico refinado y muy reconocido, pero abandonó el curso habitual de su carrera y a partir de un pensamiento global entendió que “a grandes problemas, grandes remedios”. Esta frase fue el norte de todo su modelo revolucionario en la medicina que practicó y enseñó.

Hubo un antes y un después de Carrillo en la Salud Pública Nacional. Eso quedó reflejado en el mejoramiento de las condiciones de vida, en las obras, en la estructura hospitalaria y en la infraestructura sanitaria que se logró en un período increíblemente corto. Su modelo de expansión estuvo lejos de ser improvisado. Carrillo partió de un complejo plan: modernizar el sistema, estructurando a partir de allí un nuevo diseño que se adecuara a las características de cada región del país.

En el Ministerio de Salud Pública en aquélla época existía una mística especial. Todos se quedaban trabajando hasta tarde, porque Carrillo estaba todo el día. No había horarios. Se trabajaba y se hacía.

Para reproducir su historia debemos volver a pensar desde la prepotencia de la acción. Eso es lo que distinguía a Carrillo. Muchas ideas de ese entonces pueden hoy ser recuperadas, pues aún nos sigue impulsando su vocación como hombre y como ciudadano, además de todo lo que sustentó su teoría, ya que sus libros son bien conocidos.

Es que Carrillo asumió un compromiso con la vida. Fue un argentino ejemplar. Hubo otros, pero en lo suyo Carrillo fue único. Por eso hoy tendríamos que aprender de su historia para forjar un futuro.

Sin embargo, los argentinos hicimos todo lo contrario. A Carrillo se lo terminó enjuiciando, difamando y olvidando. Hasta dónde pudo llegar el odio en aquélla época, que la dictadura de Aramburu prohibió que sus restos pudieran ser traídos desde el Brasil. Allí había pasado sus últimos meses, enfermo y ocupando un modesto puesto médico rural en plena selva amazónica. A pesar de eso, Carrillo ya había logrado cambiar la historia y su revolución perduró más allá de su muerte. Aprendiendo de su obra podremos también transformar el estigma de la infamia y el olvido. Con simpleza había dado vida a los ideales de justicia social.

Hacer honor a la memoria del doctor Ramón Carrillo en el centenario de su nacimiento, es trabajar para hacer que la salud no sea vista ya como un simple resultado del crecimiento económico, sino como un puntal fundamental de la construcción de un país más sano y más desarrollado, pero sobre todo, un país más justo.

Dr. Ginés González García