El periodista Mario Sadras fue baleado en la violenta represión a la marcha de la semana pasada contra la reforma laboral. Recibió perdigones en el muslo, en el hombro y un tercero en la frente. Fueron más de 300 heridos y más de 30 detenidos. Mario Sadras integrante de Radio Gráfica brindó su sentido testimonio sobre el brutal ataque y el sentido de la lucha.

No soy una víctima. 

Soy un Militante de la comunicación Popular.

No se apiaden por favor, ni mucho menos se lamenten.

Elijo hacer lo que hago. 

 Soy un afortunado de poder hacer lo que amo.

 De Poder seguir Mis convicciones.

De tener el tiempo y la energía para poder hacerlo. A mí edad se puede decir ya, que es yapa. 

Se Lo debo a mis muertos:

A tantos y tantas. A los 30 mil a Norita, a Santiago, Nahuel y Hebe, a Los Mártires de Trelew, a tantos y tantas.

Los días felices de los que aún puedo disfrutar sé que son una deuda.

Salir a combatir este sistema Antihumano es parte de eso: Una deuda que tengo con los muertos de mi felicidad.

Por otro lado, creo que soy, cómo casi todes resultado más de mis derrotas que de mis victorias.

Creer que cada pelea tiene que ser una victoria, para valer la pena. No es cierto. Para mí no es cierto. Eso está ligado de mínima a una meritocracia que huele a mierda de lejos.

Vale la pena.

Las fotos de mis queridos colegas tienen un código que hay que saber mirar: Atrás del horror, y las violencias que laceran, fíjense bien, hay abrazos que rescatan, como el de Paco la semana pasada cubriendo a flor, fotoperiodista de la Garganta, tantas hay…miren bien.

El compañero que cae de su silla de ruedas para rescatar a su compañero (correlación de fuerzas, otro oprobio).

No se dejen ganar por el horror.

 Los abrazos que hoy sentí. Los: ¿Estás bien? De gente que se detenía sin importar que no podían respirar o que tenían a los represores soplando en la nuca. Nada. Igual se detenían.

No sé quién me saco del medio de la balacera exponiéndose mientras caían piedras y balas. Pero seguro que no fue una sola persona. Las balas fueron tres.  Los abrazos infinitos. Quien puede llamar a eso una derrota?

Quizá no sea todo lo que quise decir. Pero es algo. El cuerpo golpeado sana, admite, recibe y agradece tantas sonrisas y abrazos.

Ahora ya, a sacarme los gases de la piel y quedarme para dormir, con el mejor de los sueños.

Y parafraseando al compañero Fabio: Señor, gracias por hacerme merecedor de un disparo de la oligarquía.

Es una buena orientación

Nos vemos en la calle

Mario Sadras