El gobierno de Javier Milei vuelve a festejar lo que para millones de argentinos significa un nuevo capítulo de sometimiento económico: el Fondo Monetario Internacional habilitó un desembolso de 1.000 millones de dólares, atado —como siempre— a promesas, metas y condicionamientos que lejos están de aliviar la crisis social. Detrás de la foto diplomática, lo que emerge es un patrón repetido: más deuda para sostener un modelo que no cierra sin ajuste permanente.

El encargado de negociar fue Luis Caputo, el mismo ministro que arrastra un largo historial de endeudamiento y vínculos con el capital financiero internacional, y que viajó a Washington junto al titular del Banco Central, Santiago Bausili, otro exponente del mismo circuito tecnocrático. Allí se reunió con Kristalina Georgieva, directora del FMI, para ofrecer lo único que este gobierno parece saber garantizar: “sobrecumplimiento” fiscal, es decir, ajuste sobre jubilaciones, salarios y gasto público.
Pero el Fondo no compró sin objeciones. La inflación, que el propio oficialismo ya no puede ocultar, aparece como el talón de Aquiles de un plan económico que prometía estabilidad y solo entrega deterioro del poder adquisitivo. La pregunta que sobrevuela —y que el FMI dejó planteada— es si este descontrol inflacionario terminará dinamitando incluso el único argumento que Milei intenta sostener: la acumulación de reservas.
La escena es conocida, casi calcada de ciclos anteriores: funcionarios que viajan al exterior a mendigar dólares, organismos internacionales que exigen más ajuste y una economía real que se asfixia. El dato brutal es que cada desembolso no es un alivio, sino una hipoteca sobre el futuro. Se celebra el crédito mientras se profundiza la dependencia.
En este contexto, la figura de Caputo vuelve a quedar en el centro de la escena. No como salvador, sino como ejecutor de un esquema que prioriza la disciplina fiscal ante los acreedores por sobre cualquier consideración social. Georgieva, por su parte, cumple el rol histórico del FMI: auditar, condicionar y garantizar que el ajuste recaiga sobre los de siempre.
Fuente: enorsai.com.ar
