En la antesala de una nueva movilización de Ni Una Menos, dos femicidios de adolescentes conmocionan al país y vuelven a exponer una realidad urgente. Agostina, de 14 años, en Córdoba, y Dulce, de 17, en Misiones, fueron buscadas durante días por sus familias, amistades y comunidades. Ambas aparecieron sin vida.

Aunque sus historias transcurrieron en territorios distintos, comparten un mismo desenlace: la violencia machista que continúa arrebatando vidas jóvenes. Dos provincias, dos búsquedas que mantuvieron en vilo a poblaciones enteras y una misma pregunta que interpela a toda la sociedad: ¿cuántas más?
Los casos también ponen en evidencia el tratamiento mediático estigmatizante que suele recaer sobre las víctimas, desviando la atención de las responsabilidades estructurales y reproduciendo prejuicios que obstaculizan la comprensión de estas violencias.
A su vez, vuelven a señalar las consecuencias de las políticas de ajuste, el desmantelamiento de programas de prevención y acompañamiento, y la ausencia de medidas integrales por parte del Estado para erradicar la violencia de género. Mientras se reducen recursos y dispositivos de protección, la violencia sigue asesinando a mujeres y disidencias.
A once años del primer grito colectivo de Ni Una Menos, los femicidios de Agostina y Dulce recuerdan que las violencias extremas no son hechos aislados ni tragedias individuales: son expresiones de una problemática social que requiere respuestas urgentes, políticas públicas sostenidas y una sociedad que no naturalice ninguna ausencia.
Fuente: ANRed

