Fue la frase que expresó Manuel Belgrano en sus últimos minutos de vida. El general Manuel Belgrano falleció el 20 de junio de 1820 en su casa natal de Buenos Aires, en la pobreza extrema y sumido en el olvido, luego de haber entregado toda su fortuna y su salud a la causa de la independencia.  No tenía dinero. El Estado le debía 18 sueldos, y la fortuna de 40 mil pesos con que lo habían premiado por sus triunfos de Salta y Tucumán, los había donado para la creación de cuatro escuelas que se construirían en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, y que demorarían varias décadas en construirse.

«¡Ay, Patria mía!»

El Buenos Aires colonial de 1820 amaneció frío, lluvioso y gris.  Al tiempo de despuntaba el día, a las 7 de la mañana, se apagaba por siempre la vida Manuel Belgrano.  Se fue con dolor.  Más allá de sus dolencias físicas, atravesado por la pena de ver que esta tierra, por cuya libertad luchó en el más acabado sentido, se debatía en medio del egoísmo político, de la indiferencia social por los desposeídos, de la injusticia.

“Ay, Patria mía…” fueron sus últimas palabras, según el relato de las 3 o 4 personas que lo acompañaron hasta el final.  Tenía 50 años de edad y había consagrado, su vida al sueño de una Patria próspera y justa. La lectura de sus tratados sobre economía, periodismo, justicia, agricultura y educación y de los informes que anualmente elevaba al Consulado, denotan su profundo conocimiento de las potencialidades del país aún en ciernes y de su gente. Llevó sus convicciones y su moral al campo de batalla, a la función pública, al ejercicio político e intelectual.

Concebía al trabajo, a la labranza de la tierra, al desarrollo de la industria y del comercio como el único camino para el bienestar.  “El mejor medio de socorrer la mendicidad y miseria es prevenirla y atenderla en su origen”. Entendía viable “prevenir y atender a la miseria”, creando trabajo.

Este 20 de junio de 2021, a 201 años de aquel destemplado día en el que dejó de existir el creador de nuestra Enseña Patria, es preciso “socorrer la mendicidad y la miseria” generando oportunidades de trabajo, real fuente de realización individual y colectiva, de libertad y de paz social.

«Ay Patria mía…» hoy resuena desgarradora y actual.

Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza