No importa cuando, mi el lugar. Es una historia que se repite en muchos lugares de nuestro país. La Familia y el Maestro. Una historia para compartir en la celebración reciente del día del Maestro.

Efraín acaba de terminar la primaria. Su maestro le da el diploma. Su abuelo lo acompaña, lloran. ¿qué saben ellos de esa emoción? ¿qué saben ellos de los quilómetros que Efraín caminaba todos los días para llegar a la escuela? y del frío? y del cansancio? ¿que saben ellos de la esperanza del abuelo de Efraín, que lo acompaña subiendo los cerros todos los días para que no abandone la escuela? ¿qué saben ellos de los sueños que acuna el abuelo de Efraín, analfabeto, mientras camina a la escuela? ¿y de Efraín que saben? ¿y de su madre que lo dejó con su abuelo para ir a trabajar al pueblo? ¿y de las noches de dolor, de puna y soledad, de un niño de 11 años? ¿y de su esfuerzo por entender esos libros, ese mundo tan lejano que puede pertenecerle solo si camina, si insiste, si no se rinde, si lo acompaña su abuelo y lo espera SU MAESTRO?

¿Qué saben ellos? NADA! Ni lo sabrán nunca, ni les importa. Los pobres son pobres y ellos son ricos. Y los ricos tienen que cuidar sus riquezas, y acrecentarlas y custodiarlas y estar seguros que no venga nadie un día como Efraín, a pedirles nada de esa riqueza, y a exigirles cuentas, porque un día un MAESTRO (y la familia que acompaño) le habilitó la palabra, la conciencia, los derechos.

SALUD COMPAÑEROS DOCENTES! En ese lugar, en esa encrucijada, está lo mejor del  NUESTRO OFICIO.!

Del muro de Elvira Nora Fernández