Esta semana, encontraron 482 kilos de cocaína de máxima pureza en un buque cerealero proveniente de Emiratos Árabes en la terminal portuaria santafesina de San Lorenzo. Por Carlos Del Frade. Diputado Provincial del Frente Social y Popular de Santa Fe.

El 24 de abril de 1978 llegó el primer cargamento de cocaína desde Bolivia a la zona franca de ese país en el otrora pujante y mítico puerto rosarino. Eran 200 kilogramos acordados entre el terrorismo de estado de Hugo Banzer y el de Jorge Videla. Rosario formaba parte de la geografía del segundo cuerpo de ejército con jurisdicción sobre las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes y Entre Ríos y su titular era nada menos que Leopoldo Fortunato Galtieri.

Eran negocios presentados como exportaciones de azúcar. El zar de la cocaína en aquel momento se llamaba Roberto Suárez Gómez y gracias a sus contactos con la CIA y la DEA, hizo negocios con los desaparecedores argentinos. Años después, en un tribunal brasileño, Gustavo Bueno, integrante del Batallón 601 de Inteligencia, confesó que la orden fue liberar el norte para los “cocaleros” bolivianos.

Desde entonces existe la llamada “hidrovía de la cocaína” para los funcionarios y medios paraguayos. Cinco años atrás informaban que sus estimaciones daban un volumen de 46 toneladas cada dos años que salen de los puertos del Paraná. Son 79 en total en las siete provincias argentinas vinculadas al río de aguas marrones. La mayoría multinacionales y casi todas representadas por la Cámara de Industrias Aceiteras de la República Argentina, la CIARA. Los mismos que a principios del gobierno de Javier Milei dijeron que ellas se iban a ocupar del tema seguridad y narcotráfico. Que nadie del estado se meta en lo que entra y sale por sus puertos. Impunidad institucionalizada para negocios legales e ilegales.

En la mañana del 30 de abril de 2025, consecuencia de esta historia de uno de los principales negocios del capitalismo como es el narcotráfico, multinacional y paraestatal, es decir que necesita de nichos corruptos de arriba hasta abajo, el capitán de un buque de las islas Marshall, Oceanía, al llegar al puerto de Vicentin en la histórica ciudad de San Lorenzo, denunció la presencia de bultos extraños.

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