El 16 de septiembre de 1955 fracciones de las Fuerzas Armadas lanzaron una serie de acciones en distintos puntos del país con el objetivo de derrocar al gobierno constitucional del presidente Juan Domingo Perón.

El bando golpista se conformó inicialmente con unas pocas unidades del Ejército y la Fuerza Aérea y prácticamente la totalidad de la Marina de Guerra. La operación contó con el apoyo de los partidos políticos mayoritarios de la oposición y de la Iglesia, cobijando numerosos comandos civiles que actuaron junto a los militares rebeldes.

Finalmente, tras una semana de cruentos combates el golpe triunfó, con un saldo de más de 150 víctimas mortales.

Inmediatamente comenzó la represión contra el peronismo y el 5 de marzo de 1956, se sancionó el Decreto 4161/56, proscribiendo al peronismo, abarcando tanto la ilegalización del partido, como la prohibición de sus ideas y símbolos, e incluso la mención de los nombres de Perón y Evita.

La cárcel, la persecución y la pérdida de derechos de los trabajadores continuaron durante largos 18 años hasta el retorno del General Perón al país en 1972.