Cristina Weber tiene 27 años y nació en Colonia Aurora, un paraje rural de Misiones, Argentina, donde su familia sobrevivía cosechando tabaco. Era la sexta de ocho hermanos, caminaba kilómetros hasta la escuela y su padre —que nunca aprendió a leer ni escribir— quiso sacarla del secundario para que trabajara en la plantación. “El baño estaba afuera y no teníamos ducha. Nos bañábamos con un balde y para lavarnos el pelo usábamos grasa de cerdo porque no había dinero para comprar champú. Como mis hermanas mayores tenían que trabajar, yo me encargaba de cuidar a mis sobrinos pequeños”.
Una beca de la Asociación Civil Conciencia le abrió la puerta a la Universidad Nacional de Misiones, donde estudió Bioquímica y se graduó con el mejor promedio de su generación.
Después llegó el Instituto Balseiro en Bariloche, su primer viaje en avión, y en 2024 una beca doctoral del Conicet con uno de los puntajes más altos de Mendoza.
Hoy pasa ocho horas diarias frente al microscopio en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza, buscando biomarcadores que permitan detectar el Parkinson antes de que aparezca el primer síntoma.
“Soñaba con darle una mejor vida a mi familia”, contó Cristina. Lo está logrando, y de paso, puede cambiarles la vida a miles de pacientes.
Fuente: Cesar Gaitan /Resistencia Peronista

